Santa FeTemporada de Surubíes
Llega el mes de febrero y hasta marzo, los cardúmenes de surubíes están muy activos. Es una época ideal para aguardar el pique y la corrida de estos toros del Paraná que aún en portes medianos y chicos, siempre está dispuestos a divertirnos.
Es común que para esta temporada los pescadores deportivos del litoral, carguen sus equipos de pesca y se dispongan a pasar un día de pesca en busca de los surubíes, una de las especies que mayor presencia impone hasta mediado o fines de marzo. Luego siguen saliendo, pero en menor medida. El agua color marrón, y la buena temperatura invitan a los aficionados a ordenar todo para esperar el pique de los cachorros en los pozones, las salidas de lagunas, algunos carrizales con corriente, en fin, distintos ambientes propicios para ubicar estos pintados que son altamente combativos. Nuevamente se acerca la temporada de lindos surubíes en el riacho Colastiné, especie que acentúa su presencia en la época de arribada que se registra entre los meses de marzo y abril. Con las mismas expectativas con las cuales un pescador sube a su lancha en busca de los pintados, quienes tienen la responsabilidad de organizar la Fiesta del Surubí Santafesino, también están abocados a que todo salga a la perfección, con valiosos premios para los ganadores y también alguna modificaciones en lo que hace a la cancha de pesca, ya que este año no habrá zonas determinadas, sino que la elección del lugar de pesca será libre para los tríos participantes. Gustavo Recce, organizador del evento, nos destacaba que siempre ha escuchado la opinión de los pescadores y ha tratado de ir adaptando el concurso a las necesidades y sugerencias de quienes son los verdaderos protagonistas. Como sucede siempre en las semanas previas a la fiesta, decidimos encarar un recorrido por la zona y ver cómo se presentaban las condiciones, ya que esta marcada bajante ha descubierto nuevos pesqueros y ha borrado otros. Si las condiciones se mantienen habrá que indagar en zonas de pozos, cerca de raigones, o bien pegados a los carrizales. Si el río crece un poco, la amplitud de ambientes se diversifica, y por ende se hace más difícil su búsqueda. En definitiva es todo un desafío el que plantea el riacho Colastiné, y por lo tanto habrá que estar muy atentos al hidrómetro para ir planeando una estrategia. Nada nos asegura que los surubíes van a estar en un determinado sitio, pero con probar unos días antes podemos ir presagiando las respuestas. Durante el mes de enero la presencia de surubíes en todo el Paraná Medio fue muy buena, y si estas perspectivas continúan los pescadores deportivos realmente se van a encontrar con excelentes momentos de pique y adrenalina, lo que va a ser muy valioso al momento de conseguir capturas, y por ende acceder a alguno de los primeros puestos en el podio.
La Pesca
En dos embarcaciones nos dispusimos a recorrer y detenernos en los sitios más propicios para la pesca de los cachorros. En este sentido, buscamos dos ambientes diferentes, por un lado sectores de mucha profundidad y escasa corriente y en otros sitios en donde el agua corría con un poco más de fuerza pero no llegaba a ser tan hondo. La idea era analizar cuales eran los ámbitos elegidos por el surubí a esta altura del año. Junto a Gustavo y Andrés Recce, acompañados por Ariel y Luis Cocco, además de la presencia de Nery Pumpido y su hermano, comenzamos a testear los posibles lugares de pesca que están comprendidos en la cancha de la Fiesta del Surubí. Nos detuvimos en un sitio en el cual la corriente era marcada y rozaba un largo carrizal. Con plomos de distintos pesos iniciamos las pruebas encarnando con morenas medianas. Apenas cayeron los aparejos al agua, la caña de Andrés recibe un pique firme que no logró concretar. Con una enorme intriga recoge el nailon y descubre las marcas en su morena, lo que sin dudas le generó mucha bronca, ya que de no haberse apurado, quizás ya tendríamos la primera presa en la lancha. Luego esperamos unos cuantos minutos y fue Gustavo quien dejó correr el nailon de su reel para provocar el cañazo certero y conseguir el primer surubí de la jornada. Un ejemplar que no llegaba a la medida reglamentaria pero que para el día del concurso seguramente sumará un buen puntaje a los pescadores, ya que como sabemos, todos los tamaños se contabilizan en la competencia. Un hermoso cachorro dio inicio a la seguidilla de cargadas y burlas entre las embarcaciones. Después de varios minutos de espera, tuvimos que elegir otro sitio, ya que los piques de las palometas se hicieron más intensos, y en escasos instantes nuestro balde de morenas comenzó a sentir el ataque de las predadoras. Nos corrimos a otro sector del riacho en el cual se veían pequeños remansos que delataban mayor profundidad. Aquí fue Andrés quien consiguió un buen pique y logró transformarlo en pescado. Otro pintado de mediano porte nos confirmaba que el momento era muy bueno para los surubíes, solo que a medida que transcurrió la jornada nos dimos cuenta que en cada lugar podríamos tener uno o dos piques y que después debíamos corrernos ya que la actividad no continuaba firme. Otro factor importante era el peso de los plomos utilizados. Andrés y Gustavo utilizaban lastres de unos 50 gramos, mientras que yo estaba empleando uno de 30 gramos y los piques no se dieron en mi caña. Estos datos son importantes tenerlos en cuanta ya que a la postre, yo quedé invicto sin un solo pique de surubí, mientras que mis compañeros de lancha, no dieron abasto con las situaciones. Después llego el llamado de la otra embarcación en la cual Luis Cocco, logró un excelente ejemplar de medida, tras varios piques errados. “Ojala esta condición se mantenga para el mes de marzo…” era el comentario de Gustavo, quien desea que el río mantenga su generosidad para los pescadores de todo el país que se lleguen hasta la ciudad de Santa Fe para despuntar el vicio con uno de los peces más deportivos de la cuenca del Paraná. Llegó el mediodía y el intenso sol nos obligó a refugiarnos bajo una frondosa sombra, y también escaparle a la gran actividad de palometas que de seguir con sus ataques nos dejarían sin carnada en escasos minutos. Ya llegada la tarde, volvimos al ruedo y las capturas continuaron, no en gran tamaño, pero sí marcando una buena presencia de la especie, que encuentra en el riacho Colastiné un hábitat propicio para su desarrollo. Actualmente el río continúa muy bajo, pero de seguir para el mes de marzo en similar estado, habrá que estar atentos a las siguientes claves: distintos gramajes en los plomos, para buscar el pique a distintas profundidades; intentar pescar en sitios hondos y de escasa corriente, y cerca de carrizales, que fueron los sectores en los cuales tuvimos mayores respuestas, y en caso de tener uno o dos piques, esperar unos minutos y moverse, el secreto es buscar los piques en distintos sitios, ya que al ser la cancha libre, no habrá inconvenientes en trasladarse de una punta a la otra. Si usted es pescador, tiene varios motivos para no perderse esta gran fiesta santafesina, por un lado, lo bella que está la ciudad con diferentes atractivos para todos los gustos; por otro lado, la naturaleza que rodea a la capital de la provincia y en donde la pesca siempre nos da una alegría, y por último, una gran fiesta de pesca con valioso premios y muchos condimentos para pasarla realmente muy bien con los amigos. Este mes de marzo, tienen una cita imperdible, en la ciudad de Santa Fe, es imposible que se pierda esta gran oportunidad de pasarla realmente muy bien.
Inscripciones y Anticipadas La inscripción de los equipos será hasta las 7 horas del día sábado 14 de marzo de 2009. El costo de la inscripción será de pesos quinientos treinta ($530) al día del Certamen. Las inscripciones anticipadas se tomarán de la siguiente manera: Hasta el 15 de febrero de 2009, de pesos cuatrocientos ochenta ($480). Las mismas se podrán realizar en nuestras oficinas centrales, de calle Belgrano 4069, Santa Fe, Tel-Fax 0342-4540102.- o en http://www.surubisantafe.com.ar/ Recuadro Paquete Especial Certamen Nacional de Pesca del Surubí Santafesino Propuesta Barras Pesqueras o Particulares Incluye, por persona: 1. Alojamiento en Hotel Casino Los Silos Cinco Estrellas 2. Todas habitaciones dobles, Ingresando desde viernes 13 de marzo a las 11 Hs. Saliendo el Domingo 15 de marzo a las 11 Hs. 3. Desayuno Buffet sábado a la mañana y domingo a la mañana. 4. Veinte pesos gratis en tickets para los tragamonedas en casino 5. Estacionamiento para todos los vehículos las 24 Hs. con seguridad privada en hotel casino Los Silos 6. Estacionamiento para las embarcaciones en el Club Marinas Puerto de Santa Fe desde el viernes hasta el domingo. 7. Bajada y subida de lancha (el equipo) 8. Inscripción al Certamen Nacional De Pesca del Surubí Santafesino 9. Reserva de las mesas centrales frente al escenario mayor para todos los integrantes de la barra pesquera y sus acompañantes. Costo total por persona $ 550.00 Nota: Las reservas deben realizarse hasta el día 10 de marzo de 2008, abonando una seña de $ 250.00 (pesos doscientos cincuenta) por persona. Esta oferta es limitada en las cantidades y se agotan según las resevas que se van realizando. Al hotel lo pueden ver en www.hotellossilos.com.ar


















Cada mañana era diferente, cada día tenía su condimento especial en Thaimaçu.
Natal, siempre con una sonrisa, nos recibía en la costa del río después del suculento desayuno y en pocas palabras nos explicaba la especie que buscaríamos.
En esta mañana, la idea era probar la pesca de los pacúes, en sus diferentes especies. Para ello, el guía cargó en la embarcación un balde con maíz y soja, con el cual cebaríamos el sitio escogido. También llevó anzuelos pequeños en aparejos conformados por un líder de acero de unos 10 cm. y un plomito corredizo de unos 10 a 15 gramos.
Había llovido durante toda la noche, y la mañana se presentaba un poco fresca, no mucho, pero al menos era un alivio y seguramente con el cielo nublado el sol no haría trepar la escala mercurial tan alto, como en días anteriores.
Iniciamos la marcha por el San Benedito, y con la clásica ansiedad de encontrarnos con cosas diferentes, como había sucedido en todo nuestro viaje.
Llegamos hasta un sitio en el cual la corriente pegaba contra una punta y se formaba un gran remanso. La fuerza del agua no era importante, y sobre la costa había muchos camalotes. Natal arrojó varios puñados de maíz y soja al agua, y lentamente y si hacer ruido comenzamos a preparar los aparejos.
Unas vez listos los equipos lanzamos al agua los aparejos encarnados con un solo maíz por anzuelo.
Apenas cayeron al agua comenzaron los piques sutiles de los peces. Algunas llevadas eran enérgicas pero tan veloces que cuando queríamos cañear errábamos los piques. Varias clavadas erráticas hasta que el guía logra prender una presa. La fuerza que proponía el pez y los bruscos desplazamientos laterales exigían al máximo al equipo liviano que teníamos. Cuando apareció en superficie, realmente nos impactó ver a un pequeño pacú que tenía tanta fuerza. “Este es el pacú payaso o rayado…” nos comentó Natal, y lo fotografiamos varias veces por su particular belleza.
Llega hasta portes de 2 kilos, y en estos tamaños se suelen pescar muchos, una hermosura del río que inauguraba una nueva mañana.
Inmediatamente clavé uno de mayor tamaño, y después Natal nuevamente volvió a pescar otro. En estos ambientes, es común pescar estos pacúes, pero también están los otros de mayor porte, por lo que nunca debemos distraernos.
Sacamos varios pacúes payasos, y Natal sugirió lanzar un poco más lejos, quizás lográbamos otra especie.
Así lo hicimos y apenas cayó mi carnada al río una frenética llevada me sacó varios metros de nailon. ¡Pacú borracha! Grita el guía, y casi en el medio del río veo saltar la redondeada silueta de un pacú que paralizó mi corazón. No lo podía creer, uno, dos, y hasta tres saltos con el pez haciendo piruetas en el aire, me terminaron de enloquecer. Una cosa indescriptible, y una potencia fantástica, para un pez que no era de gran tamaño, pero que sin dudas sabe como hipnotizar a los pescadores. El pacú borracha, es una especie que también se puede pescar en las cascadas en donde su fuerza se duplica.
Lo traje lentamente hasta la lancha y cuando lo tuve en las manos, le di un beso, porque se lo merecía. Simplemente impactante, la velocidad y la fuerza, además de sus saltos, hacen de este pez uno de los más buscados en el San Bendito.
Muchas fotos, mucha felicidad y devuelta al río, donde se merece estar por siempre.
No terminábamos de comentar las particularidades de este magnífico pez, cuando Natal, prende otro, que salió disparado aguas arriba, y cuando lo pudo frenar el pescador, dio varios saltos generando la algarabía de todos. Lo trajo con mucho cuidado, ya que había muchas ramas semisumergidas y este pez suele buscar esos obstáculos para enredarse y cortar la línea. Cuando lo saca del agua, le digo a Natal que quiero seguir pescando pacúes, y con voz serena, y para volverme más loco todavía, me dice que a la tarde íbamos a ir a pescarlos a las cascadas. Ya había llegado el mediodía, y de regreso a la cabaña, ingresamos a la llamada “Laguna limpia”, un verdadero paraíso de aguas totalmente transparentes, en donde podíamos ver los peces, y en donde se puede bañar para aplacar el intenso calor amazónico. Para cerrar la mañana, una joven anta, que estaba refrescándose en el agua, mansamente se dejó filmar y fotografiar.
Llegamos al mediodía al lodge, y como siempre un buen almuerzo y una reparadora siesta con aire acondicionado, nos cargaron las pilas para iniciar la pesca de la tarde.
Las cascadas
Tal como nos había prometido el guía, navegamos hacia las “Cascadas del jaú”, un lugar imponente, con cientos de cascadas que se bifurcan en varios cursos y en donde se pesca el jaú, un pez similar al manguruyú, que habita en las piedras que se ocultan bajo esta fortísima corriente de agua. Antes de comenzar la pesca, aprovechamos para sacar miles de fotos y filmar muchos minutos de estos paisajes cautivantes que posee el San Benedito. Sinceramente un paraíso, algo que solo se puede y se debe apreciar con todos los sentidos, ya que explicarlo resulta muy difícil.
Aquí bajamos los equipos más pesados, ya que si lográbamos prender algún Jaú, sería imposible sacarlo con equipos livianos o medianos. Para esta pesca a la espera se utiliza un anzuelo 10/0 con plomo de 250 gramos, nailon del 0,90 mm y reeles con capacidad para cargar 200 metros de este grosor. La caña, apta para este reel. La gran potencia que tiene el Jaú lo tornan incontrolable, y solo la suerte dirá si el pescador puede o no sacarlo de estos ambientes. La carnada que se emplea es un pedazo de “curimba”, pez similar a la boga de nuestros ríos.
Se tira el aparejo al agua, y se espera el violento pique que puede llegar rápido, o tardar unas horas… o no llegar nunca…
Mientras aguardábamos el pique del jaú, Natal se trepó a lo más alto de la cascada, tomó una alga que brota entre las piedras y la ató a un anzuelo con un hilo de goma.
Lanzó al medio de la cascada, y en escasos minutos, lo veo al guía aferrarse a la pequeña caña que casi se le escapa de la mano. Gritos de Natal, y la caña que parecía que iba a explotar. Lo mirábamos atentos, y de pronto en la superficie veo el salto de un hermoso pacú borracha. ¡Ese es el que buscábamos! Comentamos y lo veo a Natal tratar de bajar desde lo alto de la cascada con la presa prendida del extremo del nailon. Por momentos cambiaba de mano porque casi se le acalambra el brazo, ya que la fuerza que hacía por sostener a la presa con el equipo liviano, era increíble.
Cuando logra bajar desde lo alto, el pacú salta nuevamente en la superficie y toma un nuevo impulso para desaparecer bajo la intensa corriente. Unos minutos más de esfuerzo, y por fin el pacú aparece planchado cerca de la costa. ¡Increíble, una locura! Gritábamos y Natal, emocionado miraba a su equipo de pesca y no lo podía creer. Verdaderamente una situación de película la que vivimos.
Probamos en varios sectores el pique del bravo Jaú, pero nunca llegó, y entonces decidimos retornar para pescar más pacúes frente a la cabaña, en otras cascadas muy veloces.
De regreso, vimos una familia entera de monos que descansaban bajo la tupida sombra de unos esbeltos árboles.
Ya frente a la cabaña, nos cruzamos y caminando fuimos bordeando las cascadas. Natal, volvió a sacar unas algas de entre las piedras y con ellas encarnamos.
Apenas caía el aparejo al río, y se perdía entre los remolinos, llegaba la llevada franca de los pacúes. Realmente una sensación maravillosa la de pescar con estos gladiadores de aguas rápidas, con los cuales nunca se sabe como terminará la contienda, ya que aún estando a escaso metros, un roce entre las piedras podía dejarnos sin nada en la manos.
Capturamos varios, y muchos se fueron debido al corte del nailon. Igualmente la satisfacción, y la adrenalina que generaba cada pique eran indescriptibles.
Ya de noche, lanzamos con un pequeño pedazo de “curimba” en nuestros aparejos, y pude lograr un Jaú de porte pequeño, que me costó arrimarlo a la lancha con mi equipo de spinning. Si a este pez, lo llegamos a prender en las cascadas y su peso supera los 20 kilos realmente creo bastante complicada la faena del pescador para acercarlo. Pura fuerza, pura potencia en su robusto cuerpo. 
